martes, 11 de febrero de 2014

Y me subí a la bici...




Lo pensé por años, lo medité, lo escribí y hasta lo soñé, pero solo hasta hoy me atreví. Creo que con las dos ruedas tengo relación de años, casi desde que tenía tal vez cuatro o cinco años y ya llevaba a mi hermana en lo que se llamaría un triciclo (valga el paréntesis pq son tres ruedas, pero ya para mí era una bici). Desde ahí las tres ruedas se convirtieron en cuatro, porque mi primera bici tenía unas ruedas auxiliares con las que aprendí a montar.
Viajando un poco en el tiempo, creo que esta relación viene de bien atrás. Papá y mamá se enamoraron en dos ruedas y en cambio de salir a bailar, preferían pasear dentro y fuera de la ciudad para conocerse, todo sobre dos ruedas. La pasión por la bici viene en la sangre, por eso tuve en toda mi infancia hasta cuatro bicicletas y mis domingos como quien va misa, era sagrado salir a pasear por la ciudad, por la ciclovía en Bogotá.  Era tan importante que el plan incluía un par de sánduches en una maleta y buscar un prado en la mitad del recorrido para poder almorzar.
La bici era o es sagrada en mi casa, o así  me lo enseñó mi mamá.  Las bicis se sacaban cada ocho días, se limpiaban y se mantenían al día. Las ruedas mandaron tanto en mi casa que recuerdo un día en que mis papás en vez de llegar con el mercado de la casa, llegaron con un par de patines de línea y se lanzaron a la experiencia de moverse sobre ellos.
Pero los asuntos irrelevantes de la vida y las ansias por un ascenso social y profesional no combinaban con ese otro estilo de vida que mamá me había enseñado. Así que las cuatro bicis de mi casa quedaron archivadas en un cuarto que se llama la “bravera” y las vistió un manto de polvo durante varios años.
Esa misma época escribir sobre movilidad en Bogotá me daba para comer y  mientras escribí un montón de artículos en pro de una ciudad con menos carros, yo misma me movía en el mío y detestaba moverme en el servicio público; esto último también por varios argumentos razonables como la inseguridad, el miedo y el peligro que implica andar en bus por Bogotá.
Sin embargo, un cambio de chip que tuve durante los últimos dos años me hizo ver la vida y la ciudad de manera diferente. Volví a Bogotá y ya sin carro volví al sistema de transporte público. No estuvo mal, Bogotá está hoy más organizada, pero era inevitable perder la paciencia cuando se tienen que hacer recorridos largos, entrar a empujones a un bus o esperar miles de minutos hasta que pase alguno.
Así que lo pensé y aunque no he abandonado la rutina de ir los domingos a ciclovía, no con tanta frecuencia como cuando pequeña; empecé a evaluar la posibilidad. Varios ciclistas con bicis al estilo antiguo o con un look hipster como llaman ahora rodando por Bogotá también me animaron.
Hice un par de consultas y esta misma semana adecué la bici, le instalé una canasta y decidí salir a rodar. Hoy, 11 de febrero de 2014 fue ese día y aunque tuve una noche con poco sueño pensando cómo iba a ser esa primera salida, finalmente el temor se convirtió en confianza, agrado y un poco de felicidad.
Me evité seis buses y me ahorré algo así como unos 10.000 pesos, el tiempo fue mío y tengo que admitir que esa felicidad se sintió por todo el cuerpo. Los dolores y las preocupaciones parecieron irse al menos momentáneamente y la posibilidad de una Bogotá en bici se hizo realidad frente a mí. Ahora, con mi mamá lejos creo que empiezo a entender el vínculo sagrado con ese caballito de acero, con esas dos ruedas cómplices de lo que para algunos miembros de mi familia no es más que una “locura”.
Hoy me sumo a los afiebrados en bici que recorren la ciudad y que la piensan diferente y también para los que ese medio de transporte es el único que les funciona en una ciudad donde vivir parece insostenible. No sé al final cuánto me durará la fiebre, pero siento que será por rato: ¿o quién no le gusta ser dueño de su tiempo, moverse por calles sin trancones, evitarse las peleas con la gente y sentir esta vitalidad en el cuerpo? Para mí la respuesta es clara y por eso creo que tendré este cuento de la bici por rato.



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