lunes, 19 de mayo de 2008

Leonor Pérez todavía grita “a la carga Gaitán”


“Los últimos gaitanistas que quedamos nos estamos muriendo”, sentencia Leonor cuando recuerda como vivió su 9 de abril. Esta estudiante de Odontología de la Universidad Nacional alternaba la apertura de su primer consultorio con visitas ocasionales a las presentaciones públicas del líder caudillista.

El 9 de abril se enteró de la muerte de Gaitán por la radio y desde su casa cerca de la estación de tren de la Sabana, fue testigo de la conmoción que se desató en el centro de Bogotá.

“La gente pasaba con machetes, corrían y saqueaban todo lo que podían”, explica. Cerca de su casa funcionaba la bomba de gasolina de Damián Rojas, la multitud enardecida corrió a conseguir combustible para incendiar los pocos edificios que quedaban.

Leonor aprovechó un descuido de su madre, quien no la dejaba salir de su casa, para pararse en la mitad del negocio y evitar que la multitud incendiara la bomba.

“Todos venían con tarros para llenarlos de gasolina, pero don Damián no estaba y tampoco había como repartir. Fue así como grité con furia que se organizaran porque sino nadie tendría gasolina”, cuenta Leonor quien luego derribó una puerta para obtener la llave.

Esta mujer aún no se explica de donde sacó tanta valentía, pues repartió todo el combustible y al final colgó un trapo rojo en la parte más alta del negocio. El dueño del negocio jamás refutó haberse quedado sin una gota de gasolina.

Esa noche sentía como continuaban los tiroteos y duró un mes encerrada junto a sus tres hermanos y su mamá para volver a salir. “Menos mal habíamos comprado un buen mercado, aunque a veces salíamos de a uno para cosas que hicieran falta”, recuerda Leonor que todos los días sale a la calle con una pieza roja que la identifique como gaitanista liberal.


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