jueves, 28 de junio de 2007

¿Colombia aún podría llamarse país?



No podía dejar sin escribir sobre este tema. Esta mañana a punto de levantarme, lo único que me molestaba era un leve dolor de espalda que sentía por una mala posición. Pero al fondo en la habitación de al lado una realidad colombiana se hacia de nuevo evidente.

Mi dolor de espalda dejó de serlo y se convirtió en una tristeza penetrante, una decepción profunda con esta sociedad. Once diputados, secuestrados hace cinco años estaban muertos. Doce personas que alguna vez creyeron en Colombia, vivieron en carne propia la indiferencia y antidemocracia característica de este lugar.

Y aún estando muertos ni siquiera sus cuerpos regresan a las manos de sus seres queridos. ¿Hasta cuándo? la historia se repite y pareciera que los muertos que deja esta disputa entre poderes sólo queda en la memoria de unos pocos que se resisten a olvidarlos.
Señor presidente no es hora de buscar culpables, es hora de buscar soluciones. No esperemos que todos los secuestrados terminen de esta manera. Sólo me quedan unas cuantas preguntas al aire: ¿Si las Farc los tenían hace cinco años qué diferencia habría tenido asesinarlos ese mismo 11 de abril a hoy? ¿Le conviene al gobierno de Uribe decir que si hubo enfrentamientos en esa zona? obviamente no, pero siempre a defendido el rescate a sangre y fuego ¿entonces a quién creerle?
Ni a los unos ni a los otros. Los colombianos somos espectadores de cortinas de humo y desconocemos la verdadera esencia de los acontecimientos que ocurren. Somos gritos que se desvanecen en el vacío porque nunca llegan a buenos oídos.
Exigimos que no sólo se quite la venda de cientos de secuestrados que tienen derecho a su libertad, sino que todos los colombianos sepamos la verdad y no andemos como seres alienados y vendados a una corrupta realidad. PARA VOLVERNOS A VER SI AL ACUERDO HUMANITARIO.

lunes, 25 de junio de 2007

Tortazo

El año pasado durante un día de grabación. Un intento de un pequeño cortometraje que aún no he visto, pero al final esta escena resulta divertida. Un mal entendido entre unos novios lleva a la separación de los mismos, el mismo día en que él cumple años.Todo termina con un tortazo.

lunes, 18 de junio de 2007

SIN DERECHO A REÍR


Este año, Colombia completa ocho años sin mirarse en el espejo y reírse de su propia realidad, el mejor legado de Jaime Garzón.

Por: Lina Sánchez

¿Cuántos paramilitares no habría visto Néstor Elí entrar al edificio Colombia? O ¿cómo se vería este edificio en manos de Uribe, aún en obra negra o totalmente en escombros? O más bien, ¿Qué pensaría el compañero John Lenin del recorte de la ley de transferencias? a lo mejor, estaría Heriberto de la calle brillando los espacios oscuros no sólo de la cárcel de Itaguí, sino del congreso entero. De estas y de muchas posibilidades de ver desde otro punto la realidad nacional fuimos vetados todos los colombianos, ese 13 de agosto de 1999 donde no sólo murió el eje crítico del país, sino la Zoociedad entera.

Recorrer las hemerotecas de las bibliotecas, es viajar al pasado. Los diarios físicos han sido reemplazados por aparatos que leen cintas donde están los periódicos de la época. La manija da vueltas y la historia nacional comienza a reflejarse. Sábado, Agosto 14 de 1999: “Asesinaron la risa” titula El Tiempo, acompañada de una foto de Heriberto de la Calle lustrando los zapatos de su creador. Cantidades de artículos son publicados no sólo en este diario, sino en El Espectador y hasta en la revista Semana. Se respira nostalgia y la rabia que produjo en miles de colombianos este asesinato, hace que salga a flote cuando se recorren las letras de lado a lado. Esta realidad que hace más de seis años vivía el país, parece haber olvidado a los miles de muertos que ha dejado y continuar como si nada hubiera pasado.

El día que dejó de existir

Jaime Garzón se levantó ajeno a la sabiduría popular que teme al viernes trece y se alistó como lo dictaba la rutina. Tampoco sintió el pálpito que su compañera Gloria Prieto “La Tuti” tenía cuando lo vio vestirse con esa camisa blanca con rayas café que usaba el día del accidente en una vía del llano, donde estuvo a pocos minutos de irse al vacío. Salió en silencio de su casa ubicada en el barrio La Macarena y abordó su camioneta Cherokee Laredo gris. Debía llegar antes de las seis de la mañana para participar en el noticiero de R@dionet con los apuntes críticos de “Heriberto de la calle”.

Tomó la calle 26 y volteo por el barrio Quinta paredes. A las 5:47 se detiene ante el semáforo de la Cra 42b con 22f y del separador sale una moto blanca de alto cilindraje. Se acomoda al lado del conductor, descargando seis impactos en la cabeza y cuello del humorista. La moto huye con sus dos personajes cubiertos por cascos y con una bayetilla que cubre la placa. La camioneta pierde el control, rodando por una cuadra entera, hasta que se desvía y se estrella contra un poste del separador.

Yamid Amat, director del programa y amigo de Garzón, pasa a las 5:50 por el lugar y cree que Jaime se ha accidentado, pero cuando uno de sus escoltas se asoma, confirma la fatídica noticia. La indignación y la tristeza invaden los estudios de radio donde se informa por primera vez a Colombia sobre la situación. ”Dios te guarde y gracias por hacernos reír y pensar”, decían los mensajes que junto a varias flores empezaron a llenar el lugar. Mensajes que recogían la rabia, el rechazo y la desazón que deja este acto que muchos calificaron como cobarde.


Más que un humorista, un trabajador por la paz

“Jaime Garzón era como un niño. Tenía los sueños grandes, como los niños, y la aplastante realidad de Colombia no los había recortado sino que, por el contrario, los había hecho más fuertes”, así lo describió la revista Semana en la publicación que referencia a su asesinato. Y estas son las mejores palabras para describir a este soñador que más que hacer fantasear a Colombia la hizo reflexionar y ser consciente de lo que era.

Desde sus 18 años empezó a darse cuenta que la solución al conflicto no estaba en las armas, sino en el diálogo, fue así como decidió salirse de la guerrilla a la que se había unido, regresar a Bogotá y replantear su labor a favor de la solución de la violencia. Fue elegido alcalde del Sumapaz, gracias a la colaboración que prestó a la campaña de Andrés Pastrana. Estableciendo relaciones con la guerrilla, para facilitar el progreso en el lugar.

“A mí no me hablen de cifras. Yo no voy a llevar plata, no cobro un peso. Esta es una labor humanitaria. Yo hago el acercamiento y puedo subir con ustedes a la montaña para garantizar que no les hagan conejo y puedan volver a bajar”, repetía Garzón en cada oportunidad donde intercedía por un secuestrado. Esta labor la intercalaba con sus programas Zoociedad y luego Quac, donde logró dejar en la memoria de los colombianos, grandes personajes como Néstor Elí, Inti de la Hoz, Dioselina Tibana, entre otros.

Su alto grado de vinculación con todos los puntos estratégicos de la negociación de paz, generó inconformidades en distintos grupos. El periodista y humorista lograba reunir en su mesa grandes personalidades de visiones diferentes para dialogar y generar soluciones. Fue así como la policía mal interpreto su cercanía con las FARC, al igual que su intermediaciones con el ELN le trajeron inconvenientes con las AUC. El día antes de su muerte en un restaurante, en medio de sus amigos, sintió el flash de un fotógrafo que luego desapareció. Garzón se puso pálido “Me van a matar”, dijo.


Posibles autores

El crimen de Garzón estaba anunciado y las primeras transmisiones que Colombia escuchó apuntaban a los paramilitares, sin embargo, Carlos Castaño emitió un comunicado donde negaba su participación. Pues ese sábado, luego de su muerte, había programado un encuentro con el jefe de las Autodefensas para que le explicara porque lo quería matar. “El sábado ya no existo”, les dijo a los familiares de un secuestrado el 12 de agosto, en un tono que mezclaba burla y temor.

Otra de las hipótesis que acercaban a las autoridades era una que incriminaba a la misma Fuerza pública, un sector inconforme con los acercamientos que Garzón había tenido a las FARC y al ELN. Pues en una ocasión el general Jorge Mora, en ese entonces, comandante del Ejército, mandó a investigar al periodista, por sus intermediaciones en un caso de secuestrados que hubo en la vía al llano.

La última sospecha que planteaban, hacía responsable a un grupo inconforme de la FARC, que no estaban de acuerdo con la labor humanitaria y pretendían torpedear al proceso de paz. Cinco años después, el 10 de marzo de 2004 la justicia sentencia a 38 años de cárcel al jefe de los paramilitares, Carlos Castaño. Condena que aún no ha sido cumplida, pues el país no sabe nada de este personaje que aparentemente esta muerto. Un caso más dentro de muchos otros que quedan impunes en este país.

***

Menos mal que para muchos colombianos este fue un suceso que jamás olvidará, pues vive en el inconsciente colectivo de un país adolorido. El día que a Colombia le prohibieron reír. ¿Cuántos muertos deberán sumarse para que entendamos que este no es el camino? La lista seguirá aumentando. Los soñadores serán truncados por el miedo y la violencia de unos pocos que no les conviene dejar de jugar con el destino de un país. Pero como afirmó el periodista Guillermo Díaz Salamanca, en una columna de El Espectador del 14 de agosto de 1999 “Callarse o cambiar la tonalidad, es ser más permisivo con la violencia. Seguir trabajando como hasta ahora, es el mejor homenaje que le podemos brindar”. Y éste debe ser el camino, aunque siga faltando un Nestor Elí, un John Lenin o un Heriberto de la Calle que nos muestre que el edificio Colombia no ha cambiado y que por el contrario, ahonda en la miseria gracias a unos personajes que cada vez son más ricos y poderosos.